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jueves, 15 enero 2026 07:05
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Jaqueline Robles

Como gato boca arriba se defendió el diputado local Oliver López García cuando se le pidió opinión sobre los señalamientos que lo exhiben por difundir anuncios de reclutamiento de personal femenino con edades y características específicas, acompañados de imágenes que sugieren la exigencia de mujeres jóvenes y estilizadas para su equipo.

Las críticas que derivaron por tal hecho no se hicieron esperar, los calificativos por la convocatoria señalaron misógina, discriminación y ofensa, acusando que reproducía estereotipos de género y reducía a las mujeres a su apariencia física, situación por la que obviamente se esperaba, al menos, una aclaración de su parte.

Aunque lo negó en reiteradas ocasiones, la indignación fue tal que los anuncios fueron borrados rápidamente de sus cuentas oficiales, pero olvidó que permanecieron en un grupo de WhatsApp que él mismo utiliza para difundir mensajes, grupo que se registra con el mismo número que aparece en el anuncio de reclutamiento.

De nada sirvieron los discursos solemnes que minutos antes pronunciaron sus compañeras legisladoras con motivo del Día Naranja -incluso avalando una iniciativa para sancionar la violencia política en medios digitales-, pues “coincidentemente” ninguna se dio por enterada de lo señalado a su colega.

Por el contrario, permitieron que intentara ridiculizar a esta reportera quien solo pidió su opinión frente a lo provocado por la circulación de los anuncios.

La pregunta fue clara:
“Esta semana hubo una controversia en redes sociales sobre el tema de reclutamiento de personal, me gustaría que nos comentara el diputado Oliver qué tiene que decir al respecto y qué opina de estos calificativos que le han adjudicado”, se le expuso.

Visiblemente incómodo, López García se limitó a exigir pruebas de publicaciones que ya habían sido borradas de sus redes.

“Muéstreme la publicación de mis redes y léala para que la ciudadanía la escuche”, retó, confiado en que ya no estaban disponibles.

Para evitar el intercambio de cuestionamientos, el legislador César Mateos entró al quite:
“Sí, aquí hay que ser y precisamente por eso estamos dando la cara todos y todas que cualquier acto que sea reprobable obviamente se va a rectificar, pero también hay que ser responsables hay que ver cómo se publican y quienes manejan las redes sociales de los compañeros”, expresó.

Sin embargo, al término de la conferencia se le mostraron al diputado Oliver las pruebas: el chat, el número y las imágenes, por lo que recurrió a su asistente, una joven que también intentó justificarlo:

“Al diputado le gusta dar oportunidad a las mujeres jóvenes porque nunca se les daban”, aseveró.

La respuesta final del legislador fue ofensiva:

“Lo que se dice es opinión de usted y de las mujeres grandes que escriben; si le pregunta a las jóvenes que trabajan conmigo tendrán otra opinión”, concluyó.

Con ello quedó exhibida no solo la incomodidad del diputado frente a un señalamiento legítimo, sino también la contradicción evidente entre los discursos en tribuna, los silencios en la práctica y al final, el poder que sustituye y disimula los complejos de hombres poco agraciados.

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